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Papá, Josué Ignacio, Glenn Gould y yo

#UnaHistoriaQueNuncaAntesHabíaContado

 

Antonio Josué, mi papá, dejó la casa cuando yo tenía ocho años, por allá en 1975. Vivíamos en Las Brisas de Propatria en Catia. Decidió separarse de mamá, y así comenzó nuestra historia de hijos de padres divorciados, común en muchas familias. Pero al mismo tiempo comenzó una historia que me ha acompañado toda mi vida y que, de alguna manera, «compartí» junto a Glenn Gould con Josué Ignacio, mi hijo.

 

Resulta que papá siempre me buscaba los sábados o domingos para que lo acompañara a cualquier actividad. Me recogía en casa, tomábamos su carro y a rodar por la Caracas de los años setenta y ochenta. Y siempre, antes de arrancar, encendía la radio y colocaba el dial 660AM, Radio Nacional de Venezuela, canal clásico. Imagino que la primera vez que lo hizo no me gustó, no lo recuerdo, pero lo repetía cada vez que salíamos. Siempre. No sé si era su propósito, pero allí comenzó mi conexión con Beethoven, Bach, Mozart, Vivaldi, Chopin, la música barroca y todo ese mundo que, además, era sobrio, pera muy sobrio o serio. Los locutores anunciaban con una voz segura, lenta, cada una de las piezas que presentaban. «A continuación vamos a escuchar Beethoven, Piano Sonata en C menor, Opus 27, número 2», y en seguida busqué en la enciclopedia que teníamos en casa que significaba «opus»,  y por qué era usado. Allí aprendí que a partir del siglo XVII se comenzó a utilizar esta forma para catalogar cada vez que un compositor publicaba una obra.

 

Esos «viajes musicales» eran muy gratos. Cada vez que escuchaba esas piezas, mi imaginación volaba, en mi mente aparecían orquestas en grandes teatros. Yo, parado frente al escenario viendo hacia arriba violines, un piano enorme, los instrumentos de viento, el director conduciendo la orquesta con mucha maestría y esos finales de gran sonoridad. Por supuesto, que en más de una oportunidad descubrí que muchas de las piezas musicales que escuchaba y veía en las comiquitas de la TV, eran originales de grandes compositores y el personaje que más lo hacía era Bugs Bunny. ¿Cómo no recordar ese clásico de El Conejo de Sevilla con Elmer? Bugs huyendo del cazador, entra en una sala de teatro donde se presentaría la gran opera de Rossini y toda esa historia que magistral y musicalmente se desarrolla convirtiéndose el famoso conejo en el Barbero de Sevilla. Por cierto que a principios de este año había invitado a María Victoria al concierto de Bugs Bunny At The Symphony; por trabajo le tuve que regalar mi entrada a Niall, mi yerno. Lo disfrutaron mucho.

 

Volviendo a mi historia, realmente nunca conversé con mi papá sobre la música clásica, si la disfrutaba; imagino que sí lo hacía. Sí conocía a los grandes compositores. De lo que no tengo duda es que ambos callábamos y disfrutamos nuestro recorrido escuchando los clásicos. Lo sabíamos. Y llegó el día en el que, por mi interés demostrado en la música, lo que por cierto nunca me condujo a ser ejecutor de algún instrumento porque soy pésimo en ese arte, papá me regaló un radio portátil con casete, el que colocaba al lado de mi almohada, y de noche al acostarme, sintonizaba Radio Nacional de Venezuela, canal clásico.

 

Cuando llegamos a Canadá en 2005 descubrí la emisora FM CBC Radio 2, hoy día CBC Music, y allí una programación que arrancaba desde las 9 a.m. y hasta las 3 p.m. con puros clásicos. Hubo una muy larga temporada en la que, desde las 9 a.m. y hasta las 3 p.m. me deleitaba escuchando Here’s To You con Shelagh Rogers, y luego Music and Company con Tom Allen. Más de una vez pensé en pedirle a Shelagh una canción para mi papá, nunca lo hice. Era fascinante escuchar las razones por las cuales los oyentes pedían una particular pieza clásica por algún ser querido o conocido. Y con Tom, conocer esos detalles curiosos de los compositores, circunstancias de sus vidas y más. Y con él, conocí a Glenn Gould, ese gran talentoso del piano canadiense. Su particular forma de tocar, sus excentricidades.

 

Un día acompañado de Josué Ignacio, íbamos en el carro, había sintonizado CBC Music y escuchábamos a Julie Nesrallah, una gran admiradora de El Sistema y de nuestro Gustavo Dudamel, en su programa Tempo, que sucedió al de Shelagh Rogers en la ahora CBC Music. De pronto comienza a sonar una pieza y al terminar le digo a Josué Ignacio: «Hijo, ese es Glenn Gould, un muy famoso y excelente pianista canadiense, está tocando música de Mozart, Variaciones». Me respondió: «Papá, a lo mejor sabes el nombre de la canción, pero cómo vas a saber el nombre del pianista si no lo han dicho», le contesto: «Porque Glenn Gould tiene una forma muy particular de tocar el piano, cuando lo has escuchado muchas veces, lo llegas a conocer…».

 

Termina la pieza, Julie comenta que era Glenn Gould. Josué Ignacio entre sorpresa y admiración me dice que le da mucho orgullo que yo sepa de música clásica. Aprovecho el momento y le conté la historia que arriba relato.

 

Sentí mucha emoción en ese instante. Contarle la historia de mi gusto por la música clásica y su abuelo. Agradecerle a mi papá la invitación a escuchar a los clásicos. Reconocer a Gould frente a Josué Ignacio. Fue un día curioso, en el que pudimos estar juntos Papá, Josué Ignacio, Glenn Gould y yo.

 






Comentarios

Anónimo dijo…
Qué bonito Josué, la familia y lo que nos queda en la memoria de todo lo que aprendimos de ellos y que podamos trasmitirlos a nuestros hijos y nietos es lo más grande 🩷🙏🏼
Anónimo dijo…
Excelente relato, me encantó! como las actividades que hacemos con nuestros padres marcan siempre una historia en nuestras vidas, nos dejan siempre una gran enseñanza que por lo general compartimos con nuestros hijos. 🥰 💖

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